MANO A MANO

lunes, 28 de diciembre de 2009

Las horas y los minutos se fueron haciendo días, los días no querían avanzar, pero las semanas se hicieron su espacio, y se enemistaron con los meses que les quisieron pasar por encima. Sea como sea, es un año más el que se escapa de mi calendario, la última hoja de mi agenda, el último gran esfuerzo. Partí corriendo a manos llenas y no solo me adelantaron; derramaron todo aquello que llevaba dentro, y que trate de recuperar una y otra vez, en nuevas y viejas vasijas que se fueron quebrando una y otra vez. Ni comí ni dormí, pero seguí corriendo. No reí ni sentí, pero tampoco me frené, porque las manos que me impulsaron fueron muchas, y mientras unas aparecían, otras que estaban se fueron desvaneciendo.
El camino se fue alivianando, y llego una brisa de aire limpio, fresco como el rocío, que me regalo los colores que me faltaban para completar mi acuarela. Y si bien aún me sigo amasando, es este el año que hizo que mi masa comenzara a tomar forma, por mi propia cuenta.

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