Se hacen nada estas tardes con nubes, esas caminatas sin rumbo, solos por la calle, tú, yo, la cámara y un café. Tus ojos que son mi sol, y mi impaciencia por robarte un beso. Yo, que ya ni me reconozco, y que voy pidiendo favores eternos en los santuarios en que soy pagano, contando los minutos, las horas y los días que he pasado a tu lado, yo, que solo comienzo donde tú terminas, y tú, que me lees la mente, tú que dices lo que acabo de pensar, tú, que te haz convertido en mi paz.
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